Por: Mariana Pineda. Estudiante,
Programa en Ciencias Política, Universidad EAFIT.
Según Naciones Unidas, hacia julio, la
situación en Siria ya había cobrado 17,000 vidas, en su mayoría de civiles, y
más de 170,000 personas habían huido para buscar refugio en otros países como
Turquía, Iraq y Jordania. La situación tenía la atención de toda la comunidad
internacional; pero no fue hasta que Estados Unidos y otros países occidentales
supusieran el uso de armas químicas por parte del gobierno de Bashar Al Assad
sobre los civiles sirios, que los ojos se posaron sobre Estados Unidos y
Francia. La expectativa de una intervención militar de estos dos países, tiene
al mundo más conmocionado que la misma crisis en Siria.
La razón que Estados Unidos plantea
para intervenir en Siria es la "defensa de la democracia" y no
permitir el uso de armas químicas. ¿Sí estarán tan preocupados por el supuesto
uso de éstas? No digo que dude que se están usando, en lo que no creo es en la
razón para atacar al país sirio. El verdadero asunto detrás de todo es algo tan
sencillo que se vuelve complicado porque no se ve a simple vista. Para que
entiendan por qué lo digo, les mostraré una serie de sucesos que demuestran que
el gas natural es el ingrediente inflamable que le está dando chispa a la
crisis en Siria.
La rebelión en Siria empezó en el
2011, hacia el mismo tiempo que se firmó un memorándum en Bushehr sobre la
construcción de un gasoducto que compartirían los países de Irak, Irán y Siria.
Este ducto, conocido como el gasoducto islámico, pasaría por el yacimiento de
North Dome-South Pars, compartido por Qatar y Siria. Al entrar en operación, pronosticada
en 2016, llevaría gas a Europa atravesando el Mediterráneo desde Siria. El gasoducto sería de extrema
importancia para Europa, que demanda recursos energéticos, y económicamente
bueno para Siria. Lo que pasa es que a Estados Unidos no le gustaba mucho la
idea de un gasoducto entre estos tres países en el que no tenía una parte
importante de participación.
El país americano tenía intenciones de
construir un gasoducto que pasara por Qatar, Turquía e Israel, y que lograra
tocar territorio de Irak, Jordania y Siria. La capacidad del gasoducto no ha
sido dicha, pero al contar con las reservas del golfo pérsico y de la región
del oriente del Mediterráneo, podría competir fuertemente con Rusia, poseedor de
la mayor reserva de gas natural en el mundo. Por cuestiones de competencia,
Qatar prefiere que el gasoducto pase por su territorio que por el de su vecino
sirio. Es quizás por esta razón que ayuda, junto con Arabia Saudita, dando
armas a los grupos rebeldes sirios, y a Estados Unidos que quiere intervenir
militarmente. Lo que buscan es atrasar o prevenir la construcción del gasoducto
islámico.
A Rusia poco le importa la
construcción de tal gasoducto. Su reserva es mucho mayor que la que proveería el
nuevo de Irán. Para que el gas del gasoducto islámico y llegue a Europa tendría
que pasar por el Puerto de Tartús, que tiene lazos con Rusia. Esto sería de
igual forma perjudicial para el gasoducto de Qatar. Lo que seguramente sí le
importa es que Estados Unidos se meta más de la cuenta en Medio Oriente,
afectándolo directamente. Seguramente estas son las razones por las que en el
Consejo de Seguridad, con veto de Rusia, no apoya la acción militar.
Una guerra, aparentemente civil, está
acabando con la vida de miles de personas. No es justificable que esto suceda
por cuestiones, en mayor parte, ajenas a los mismos sirios. Sí hay represión
por parte del gobierno, sí hay violencia y crisis humanitaria. Hay poco acceso
a alimentos, agua potable, energía eléctrica y suministros médicos. Pero la
causa del problema reside, más que todo, en si las líneas de gas pasarán a
Europa por Irán-Irak-Siria, o si irán vía Qatar-Israel-Turquía.
A Estados Unidos lo mueve, una vez
más, su intención de poderío mundial y beneficio económico.
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