domingo, 8 de septiembre de 2013

¿CÓMO VAMOS ANTIOQUIA?


Por: Jesús David Trejos Betancur. Estudiante, Programa Comunicación Social, Universidad EAFIT.

Me atrevo a responder esa pregunta afirmando que bien. Se ve un trabajo arduo para que las calles sean cada vez más seguras por parte del gobierno y de las fuerzas armadas. Se ve inversión social y a su vez podemos decir que el empleo está mucho más fortalecido.

Lo que me cuestiona es ¿Por qué a los antioqueños, siendo uno de los motores económicos y pilares del dinamismo social del país, no les importa la política en lo más mínimo?
La última encuesta del grupo de investigación ¿Cómo vamos? Arroja como resultado que a los paisas no les interesa la política. Un 85 % de los antioqueños (aproximado) no creen en el sistema político local ni nacional, no les interesa pertenecer a un partido, no creen en los políticos de una colectividad y en última instancia no les importan los cambios que pueden surgir de estos grupos que, grandes o pequeños, son los que en gran medida plantean cambios estructurales dentro del sistema político, jurídico y judicial.

Los motivos pueden ser simples. En Colombia han existido tantos corruptos, se han despilfarrado tantos recursos y robado tanto dinero, que las personas ya no les importa elegir un representante porque la tendencia es a que sea o se convierta en un pícaro, descarado y ladrón que desvíe los recursos que la mayoría del pueblo (de una condición social media baja) con tanto sacrificio aportan al estado para poder subsistir bajo condiciones mínimas de dignidad y seguridad.

En Antioquia la situación no es diferente. A pesar de ser un departamento con una economía fuerte, provisto de las capacidades necesarias para un desarrollo óptimo y una mano de obra calificada para ello, la falta de un partido “fuerte” y distante de los partidos tradicionales no ha logrado captar la atención de los votantes y no se ha dado la unión necesaria que genere credibilidad y reconocimiento dentro de las clases sociales para generar un ideal de cambio, más bien, con los partidos que existen, se ha dado un cruce de intereses por parte de las personas que ostentan el poder.

Cauto error han cometido los políticos y parlamentarios durante tantos años que ahora las personas no escogen un representante a conciencia, sino que votan por aquel que de alguna manera pueda ser clientelista con ellos o un poco con su comunidad; votan por aquel que en términos generales les resulta “menos peor”; votan por aquella persona que invirtió más dinero en su campaña, lo cual se traduce en decir: aquel que saco más publicidad.

Es por ello que creo acertado que Kirchhaimer[1] señale que existen unos partidos políticos que son “Catch all party” o “atrapatodo” que se encargan de combinar diversidad de factores que al momento de una elección van a sumar más votantes y a generar más dominio o poder y tienen la posibilidad de integrar un grupo grande de sectores como el industrial o el agrario, por ejemplo.

A partir de esto, son muchas cosas que se podrían pensar acerca de  los partidos actuales y sobre los personajes que dejan que los representen, pero también es bueno dejar a consideración que existe la relación entre partidos, una meta común que es incorporar electores y llegar a una representación que sea significativa, Wolinetz[2] es muy acertado con su imaginario de dos clases de partido:

Primero: uno que es visible solamente durante la época de elecciones legislativas y del cual no se habla mayormente durante los periodos del ejercicio del poder.

Segundo: un partido que mantiene los lasos con sus electores vigentes durante el tiempo, mediante organizaciones locales y regionales que integran las ideas y permiten mantener encuentros periódicos. Esto crea una imagen positiva frente a los electores, frente a otros partidos y frente a personajes que tienen una influencia en el ámbito social.

Basado en esto se podría afirmar que simplemente es una cuestión de partido. Que las personas crean o no es decisión de unos cuantos. Pero aquello que me cuestiona es ¿Qué hacemos para cambiar esta situación? Más aún, ¿cómo evitar que se elimine la confianza de ese 15% restante?




[1] Kirchhaimer, O. “El camino hacia el partido de todo el mundo”.  Cuadernos de ciencia política; partidos políticos 3. Pág 41-58. 1992
[2] Wolinetz, S. “Partidos políticos: viejos conceptos y nuevos retos”. Cap 5. TROTTA. Pág 127-161. 

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