lunes, 16 de septiembre de 2013

SIRIA, OTRA VÍCTIMA MÁS


Por: Mariana Pineda. Estudiante, Programa en Ciencias Política, Universidad EAFIT.

Según Naciones Unidas, hacia julio, la situación en Siria ya había cobrado 17,000 vidas, en su mayoría de civiles, y más de 170,000 personas habían huido para buscar refugio en otros países como Turquía, Iraq y Jordania. La situación tenía la atención de toda la comunidad internacional; pero no fue hasta que Estados Unidos y otros países occidentales supusieran el uso de armas químicas por parte del gobierno de Bashar Al Assad sobre los civiles sirios, que los ojos se posaron sobre Estados Unidos y Francia. La expectativa de una intervención militar de estos dos países, tiene al mundo más conmocionado que la misma crisis en Siria.
La razón que Estados Unidos plantea para intervenir en Siria es la "defensa de la democracia" y no permitir el uso de armas químicas. ¿Sí estarán tan preocupados por el supuesto uso de éstas? No digo que dude que se están usando, en lo que no creo es en la razón para atacar al país sirio. El verdadero asunto detrás de todo es algo tan sencillo que se vuelve complicado porque no se ve a simple vista. Para que entiendan por qué lo digo, les mostraré una serie de sucesos que demuestran que el gas natural es el ingrediente inflamable que le está dando chispa a la crisis en Siria.
La rebelión en Siria empezó en el 2011, hacia el mismo tiempo que se firmó un memorándum en Bushehr sobre la construcción de un gasoducto que compartirían los países de Irak, Irán y Siria. Este ducto, conocido como el gasoducto islámico, pasaría por el yacimiento de North Dome-South Pars, compartido por Qatar y Siria. Al entrar en operación, pronosticada en 2016, llevaría gas a Europa atravesando el Mediterráneo  desde Siria. El gasoducto sería de extrema importancia para Europa, que demanda recursos energéticos, y económicamente bueno para Siria. Lo que pasa es que a Estados Unidos no le gustaba mucho la idea de un gasoducto entre estos tres países en el que no tenía una parte importante de participación.
El país americano tenía intenciones de construir un gasoducto que pasara por Qatar, Turquía e Israel, y que lograra tocar territorio de Irak, Jordania y Siria. La capacidad del gasoducto no ha sido dicha, pero al contar con las reservas del golfo pérsico y de la región del oriente del Mediterráneo, podría competir fuertemente con Rusia, poseedor de la mayor reserva de gas natural en el mundo. Por cuestiones de competencia, Qatar prefiere que el gasoducto pase por su territorio que por el de su vecino sirio. Es quizás por esta razón que ayuda, junto con Arabia Saudita, dando armas a los grupos rebeldes sirios, y a Estados Unidos que quiere intervenir militarmente. Lo que buscan es atrasar o prevenir la construcción del gasoducto islámico.
A Rusia poco le importa la construcción de tal gasoducto. Su reserva es mucho mayor que la que proveería el nuevo de Irán. Para que el gas del gasoducto islámico y llegue a Europa tendría que pasar por el Puerto de Tartús, que tiene lazos con Rusia. Esto sería de igual forma perjudicial para el gasoducto de Qatar. Lo que seguramente sí le importa es que Estados Unidos se meta más de la cuenta en Medio Oriente, afectándolo directamente. Seguramente estas son las razones por las que en el Consejo de Seguridad, con veto de Rusia, no apoya la acción militar.
Una guerra, aparentemente civil, está acabando con la vida de miles de personas. No es justificable que esto suceda por cuestiones, en mayor parte, ajenas a los mismos sirios. Sí hay represión por parte del gobierno, sí hay violencia y crisis humanitaria. Hay poco acceso a alimentos, agua potable, energía eléctrica y suministros médicos. Pero la causa del problema reside, más que todo, en si las líneas de gas pasarán a Europa por Irán-Irak-Siria, o si irán vía Qatar-Israel-Turquía.
A Estados Unidos lo mueve, una vez más, su intención de poderío mundial y beneficio económico.

¿QUE SE DISCUTE EN LA HABANA?


Por: Jaime Andrés Palacio. Estudiante, Programa en Economía, Universidad EAFIT.

Es importante pensar  sobre los posibles acuerdos a los que se busca llegar en La Habana, específicamente en las zonas de reserva campesina. Aunque es una propuesta bastante interesante, en el contexto en el que vive Colombia actualmente seria abrirle puertas y entregarles terrenos a las guerrillas.

Como se ha venido viendo el país ha sufrido abusos de las guerrillas en estas zonas, ya que las ven como territorios aptos para plantaciones ilícitas y rutas para tráfico ilegal y así completar su labor de narcotraficantes. No basta decir que estos narcoterroristas no merecen ayuda del gobierno y siempre serán segregados por los ciudadanos. Como se vio en el gobierno del presidente Uribe muchos desmovilizados tuvieron un fuerte choque tratando de volver a la vida cotidiana y hágase usted la pregunta: ¿Dejaría  que una ex guerrillera que algún día mato y abuso de niños menores cuide de sus hijos? Creo que la respuesta es bastante clara y el pasado es una cicatriz imborrable.

El subsidio del gobierno para desmovilizados no va a ser suficiente para vivir, lo que va a llevar a que estas personas vuelvan a su vida de delincuentes. Por otro lado tenemos a un gran número de campesinos que han sido desplazados por la guerrilla y aunque sea vista como una utopía las zonas de reserva campesina traerían muchas acciones difíciles en el posconflicto. La mayoría de los campesinos prefieren no volver a tener tierras ya que tienen miedo a caer de nuevo en manos de la guerrilla e incertidumbre de regresar y no encontrar estabilidad económica. Así las FARC se desmovilicen quedan varias guerrillas y grupos militantes ilegales que abusaran de los campesinos. El ejemplo más claro que podemos ver es Catatumbo donde la mayoría de los campesinos que están luchando con la policía y ejército son ordenados por los mismos guerrilleros. Es una ironía ver como la guerrilla “busca” la paz en La Habana y mientras tanto esta acá, en Colombia, atacando la zona agraria del país.

Si se llega a un acuerdo con la guerrilla lo primero que se debe hacer es esperar a ver cómo influyen estos cambios  en el  país en seguridad  y economía. En cerca de 10 o 15 años se va a ver un comportamiento claro del país y de ahí se podría tomar una decisión en cuanto a crear reservas campesinas. Si el país va por un buen camino esta idea podría llevar a un desarrollo de cooperación entre el gobierno y campesinos así asegurándoles la paz y un buen nivel de ingresos. Pero si por otro lado el país va por mal camino es más que obvio que habría que evitar estas zonas porque sería volverle a entregar el país a delincuentes.

El país muestra su poco interés con negociar con delincuentes pero si el gobierno así lo ha decidido espero que tengan en cuenta tantos factores que afectarían la sociedad en general y el gran error que podrían estar cometiendo al permitir que suceda

domingo, 8 de septiembre de 2013

¿EN DÓNDE VA A TOMAR CAFÉ?


Por: Manuela Ramírez. Estudiante, Programa en Ciencias Política, Universidad EAFIT.


Luego de seis años de rumores, la reconocida tienda de café norteamericana Starbucks oficializó su entrada a Colombia, proyectándose en cinco años con más de 50 tiendas y vendiendo exclusivamente café colombiano.

Este lunes, además del anuncio, el presidente de la compañía Howard Schultz presentó a los aliados de esta apertura: Alsea (Operador de Burger King en Latinoamérica) y el Grupo Nutresa con su filial Colcafé; la última no solo invertirá un 30% del capital de este lanzamiento, sino que actuará como abastecedora del grano. La alianza espera apoyar  cerca de 25.000 caficultores en los departamentos de Huila, Tolima, Cauca y Antioquia con más de 3 millones de dólares para tecnificar el campo.

Con esta fuerte propuesta para el mercado de café en el país las opiniones a favor y en contra no se hicieron esperar. Contrario a lo que se cree su competencia más grande, Juan Valdez, no parece intimidado por la llegada de una de las 54 marcas más poderosas del mundo. Hernán Méndez su gerente general, contó a Portafolio.co que hace falta cultura de café en Colombia (Quien comparte junto a Perú los índices más bajos de consumo en Latinoamérica, además de estar irónicamente en el top 10 de países productores de café a nivel mundial) y que la llegada de Starbucks dinamizará el consumo de la bebida. Confiado, Méndez piensa que la competencia que propone Starbucks de 50 tiendas en 5 años no representa ninguna amenaza a sus 175 establecimientos que sumarán otros 16 en los próximos 8 meses y que el nacionalismo jugará a su favor.
 A mi parecer es una visión bastante ingenua porque si algo hemos aprendido de  la llegada de multinacionales al país es lo mucho que preferimos las marcas extranjeras por encima de las marcas locales.

Querido Juan Valdez a ti no te salvará la imagen del campesino arriando mula y de pocillo en mano, no cuando este vive en el imaginario de un país de patriotismo difuso  y en especial cuando compite con las 87.000 opciones de bebida de la tienda norteamericana. Si, Starbucks vendrá con su servicio personalizado y Cinnamon rolls de 480 calorías a hacer millones y llevárselos de vuelta a Seattle pero explotará aquel sector al que nosotros, los colombianos, hemos dejado perder su brillo. Ya usted decidirá si prefiere un Frappuccino de vainilla o un tinto bien cargado de “nacionalismo”.

¿CÓMO VAMOS ANTIOQUIA?


Por: Jesús David Trejos Betancur. Estudiante, Programa Comunicación Social, Universidad EAFIT.

Me atrevo a responder esa pregunta afirmando que bien. Se ve un trabajo arduo para que las calles sean cada vez más seguras por parte del gobierno y de las fuerzas armadas. Se ve inversión social y a su vez podemos decir que el empleo está mucho más fortalecido.

Lo que me cuestiona es ¿Por qué a los antioqueños, siendo uno de los motores económicos y pilares del dinamismo social del país, no les importa la política en lo más mínimo?
La última encuesta del grupo de investigación ¿Cómo vamos? Arroja como resultado que a los paisas no les interesa la política. Un 85 % de los antioqueños (aproximado) no creen en el sistema político local ni nacional, no les interesa pertenecer a un partido, no creen en los políticos de una colectividad y en última instancia no les importan los cambios que pueden surgir de estos grupos que, grandes o pequeños, son los que en gran medida plantean cambios estructurales dentro del sistema político, jurídico y judicial.

Los motivos pueden ser simples. En Colombia han existido tantos corruptos, se han despilfarrado tantos recursos y robado tanto dinero, que las personas ya no les importa elegir un representante porque la tendencia es a que sea o se convierta en un pícaro, descarado y ladrón que desvíe los recursos que la mayoría del pueblo (de una condición social media baja) con tanto sacrificio aportan al estado para poder subsistir bajo condiciones mínimas de dignidad y seguridad.

En Antioquia la situación no es diferente. A pesar de ser un departamento con una economía fuerte, provisto de las capacidades necesarias para un desarrollo óptimo y una mano de obra calificada para ello, la falta de un partido “fuerte” y distante de los partidos tradicionales no ha logrado captar la atención de los votantes y no se ha dado la unión necesaria que genere credibilidad y reconocimiento dentro de las clases sociales para generar un ideal de cambio, más bien, con los partidos que existen, se ha dado un cruce de intereses por parte de las personas que ostentan el poder.

Cauto error han cometido los políticos y parlamentarios durante tantos años que ahora las personas no escogen un representante a conciencia, sino que votan por aquel que de alguna manera pueda ser clientelista con ellos o un poco con su comunidad; votan por aquel que en términos generales les resulta “menos peor”; votan por aquella persona que invirtió más dinero en su campaña, lo cual se traduce en decir: aquel que saco más publicidad.

Es por ello que creo acertado que Kirchhaimer[1] señale que existen unos partidos políticos que son “Catch all party” o “atrapatodo” que se encargan de combinar diversidad de factores que al momento de una elección van a sumar más votantes y a generar más dominio o poder y tienen la posibilidad de integrar un grupo grande de sectores como el industrial o el agrario, por ejemplo.

A partir de esto, son muchas cosas que se podrían pensar acerca de  los partidos actuales y sobre los personajes que dejan que los representen, pero también es bueno dejar a consideración que existe la relación entre partidos, una meta común que es incorporar electores y llegar a una representación que sea significativa, Wolinetz[2] es muy acertado con su imaginario de dos clases de partido:

Primero: uno que es visible solamente durante la época de elecciones legislativas y del cual no se habla mayormente durante los periodos del ejercicio del poder.

Segundo: un partido que mantiene los lasos con sus electores vigentes durante el tiempo, mediante organizaciones locales y regionales que integran las ideas y permiten mantener encuentros periódicos. Esto crea una imagen positiva frente a los electores, frente a otros partidos y frente a personajes que tienen una influencia en el ámbito social.

Basado en esto se podría afirmar que simplemente es una cuestión de partido. Que las personas crean o no es decisión de unos cuantos. Pero aquello que me cuestiona es ¿Qué hacemos para cambiar esta situación? Más aún, ¿cómo evitar que se elimine la confianza de ese 15% restante?




[1] Kirchhaimer, O. “El camino hacia el partido de todo el mundo”.  Cuadernos de ciencia política; partidos políticos 3. Pág 41-58. 1992
[2] Wolinetz, S. “Partidos políticos: viejos conceptos y nuevos retos”. Cap 5. TROTTA. Pág 127-161.