jueves, 1 de agosto de 2013

EL PODER DE UNA WORD

Por: Andrés Preciado. Docente curso Introducción a las Ciencias Políticas – Universidad EAFIT


Esperaría cualquier caleño y en general la comunidad deportiva del país que el cubrimiento de los Worl Games 2013 fuera amplio y difundido en el territorio nacional, la realidad es bien distinta. Los juegos han pasado cuando menos desapercibidos, casi inadvertidos para la opinión pública colombiana y eso se debe, en gran parte, a la falta de cubrimiento mediático relevante.


Poco se ha dicho sobre la organización sobresaliente de la jornada inaugural y el desarrollo de los juegos sin sobresaltos de seguridad en la sultana del Valle, mucho menos se ha cubierto con creces la participación de la delegación colombiana y lo relevante a la competición deportiva ¿Sabe usted que país lidera el medallero?, sin ir más lejos ¿Conoce usted la diferencia entre los juegos mundiales y los juegos olímpicos? ¿Qué deportes compiten en una u otra justa orbital?


Eso sí, a muy pocos se les olvidará que en las medallas entregadas dice “Word Games” en vez de “World Games” en ese vicio que casi como fatalismo cultural nos caracteriza por tomar en memoria siempre lo peor de las situaciones. Es verdad que el error es mayúsculo y la imagen de la organización queda bastante golpeada. Pero no por eso Cali deja de ser una gran anfitriona y organizadora de una competencia mundial que en Colombia, aparentemente, fue bastante menospreciada.


El incidente se hubiera subsanado con un poco de eficiencia organizativa. Queda en el ambiente que el error fue más de unos pocos que no miraron sus correos con detenimiento, en especial aquellos que trataban sobre los diseños gráficos de las medallas, seguro que esos mails existen y quedaran para la posteridad. Otros más osados han dicho que el chascarrillo caleño (que en realidad es un descalabro de planeación) deja en evidencia el problema de fondo del bilingüismo en nuestro país, no lo llevaría a ese extremo, pero si se nota que las carreras y prisas en la confección de las medallas impidieron el normal desarrollo sin sobresaltos de lo que sería la imagen definitiva de las competencias.


Algunos se quedan con la colombiana de las medallas. Yo prefiero guardar de estos juegos la apatía de los medios que negaron a Cali la posibilidad de mostrar al país y al mundo una cara distinta a la narcotraficante, traqueta y criminal que los mismos medios han magnificado. Me quedo con la esperanza que este sea el punto de resurrección de una ciudad, que como el fénix, podrá volver a vivir desde las cenizas de su otrora gloria.



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