Por: Andrés Preciado.
Docente curso Introducción a las Ciencias Políticas – Universidad EAFIT
Esperaría cualquier caleño y en general la comunidad deportiva del
país que el cubrimiento de los Worl Games 2013 fuera amplio y difundido en el
territorio nacional, la realidad es bien distinta. Los juegos han pasado cuando
menos desapercibidos, casi inadvertidos para la opinión pública colombiana y
eso se debe, en gran parte, a la falta de cubrimiento mediático relevante.
Poco se ha dicho sobre la organización sobresaliente de la jornada
inaugural y el desarrollo de los juegos sin sobresaltos de seguridad en la
sultana del Valle, mucho menos se ha cubierto con creces la participación de la
delegación colombiana y lo relevante a la competición deportiva ¿Sabe usted que
país lidera el medallero?, sin ir más lejos ¿Conoce usted la diferencia entre
los juegos mundiales y los juegos olímpicos? ¿Qué deportes compiten en una u
otra justa orbital?
Eso sí, a muy pocos se les olvidará que en las medallas entregadas
dice “Word Games” en vez de “World Games” en ese vicio que casi como fatalismo
cultural nos caracteriza por tomar en memoria siempre lo peor de las
situaciones. Es verdad que el error es mayúsculo y la imagen de la organización
queda bastante golpeada. Pero no por eso Cali deja de ser una gran anfitriona y
organizadora de una competencia mundial que en Colombia, aparentemente, fue
bastante menospreciada.
El incidente se hubiera subsanado con un poco de eficiencia
organizativa. Queda en el ambiente que el error fue más de unos pocos que no
miraron sus correos con detenimiento, en especial aquellos que trataban sobre
los diseños gráficos de las medallas, seguro que esos mails existen y quedaran
para la posteridad. Otros más osados han dicho que el chascarrillo caleño (que
en realidad es un descalabro de planeación) deja en evidencia el problema de
fondo del bilingüismo en nuestro país, no lo llevaría a ese extremo, pero si se
nota que las carreras y prisas en la confección de las medallas impidieron el
normal desarrollo sin sobresaltos de lo que sería la imagen definitiva de las
competencias.
Algunos se quedan con la colombiana de las medallas. Yo prefiero
guardar de estos juegos la apatía de los medios que negaron a Cali la
posibilidad de mostrar al país y al mundo una cara distinta a la narcotraficante,
traqueta y criminal que los mismos medios han magnificado. Me quedo con la
esperanza que este sea el punto de resurrección de una ciudad, que como el fénix,
podrá volver a vivir desde las cenizas de su otrora gloria.
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