Por: Ana Isabella Villanueva Bocanegra. Estudiante, Programa en Ciencias Políticas - Universidad EAFIT.
“¡Se lució, Cali
se lució!”, así concluye la columna de Luis Guillermo Restrepo Satizábal en el
periódico El País el pasado 28 de
julio, tres días después de la inauguración de los juegos mundiales. Aunque el
columnista hace alusión a la rechifla contra el Presidente Juan Manuel Santos,
su balance del evento es excesivamente elogioso, como cabría esperar de una
persona de dicha ciudad.
La pregunta es ¿realmente Cali se lució?, ¿sí dejó en
alto el nombre del país?, ya que por parte de la opinión pública internacional
el resultado no fue muy positivo; al contrario, fue tomado como una falta de
cultura frente a la magnitud del tipo de evento que se estaba presenciando, el
cual no tenía un fin político ni mucho menos el de una protesta. Los juegos
mundiales, como su nombre lo indica, son un evento deportivo y cultural, por lo
que no se justificaba este comportamiento por parte de los asistentes.
Para algunos el abucheo fue un acto conveniente en el
sentido que puso en evidencia el descontento de los ciudadanos frente al manejo
que el Presidente Santos le viene dando a los problemas políticos del país. Y,
si bien ese tipo de protesta es legítima y responde a la situación nacional actual,
éste no era el escenario adecuado para la manifestación de esa inconformidad.
A su vez, la forma de hablar y la expresión corporal del Vicepresidente
Angelino Garzón durante el discurso de apertura también dejan mucho que desear
puesto que su actitud era más parecida a la de un político en campaña que a la
de quien preside un acto solemne. Lo cual demuestra falta de asesoría, desconocimiento
protocolario, o simplemente improvisación.
La gente parece olvidar que la mala imagen del país en el
exterior no solo incluye una bien ganada fama a consecuencia del narcotráfico
sino también la de ser un país atrasado y con una gran pobreza cultural.
Lastimosamente, circunstancias como las del pasado 25 de julio reafirman esa
opinión negativa de millones de personas en el mundo hacia Colombia.
Por último. e independientemente del descrédito internacional,
valdría la pena preguntarse por el verdadero motivo del malestar entre los
asistentes. Si, como lo llegó afirmar el Alcalde de Cali, el deseo era tener al Presidente en el acto de inauguración
(no hay que olvidar el espaldarazo del gobierno con la financiación de los
juegos) o si fue consecuencia del reproche ante su mal manejo político. Sea una
cosa o la otra, lo cierto es que el Presidente Santos parece tener dotes de
clarividente al excusarse de asistir a la inauguración.
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